Cuando callan los demonios
CUANDO CALLAN LOS DEMONIOS
Espacios
Cuarenta y cinco años de jardín. Lo que otros llaman malas hierbas —cardos, dientes de león, tobas— aquí crecen a propósito, se cuidan y acaban en los cuadros.
Justino lleva cuarenta y cinco años cuidando este jardín. Le ayuda su pareja, Diana, y a veces también la familia —pero el pulso es suyo. Riega, poda, deja crecer, decide qué se queda y qué no.
Aquí, lo que otros arrancan, él lo protege. Cardos, dientes de león, tobas: las llamadas «malas hierbas» son, para Justino, materia viva de trabajo. Se inspira en ellas. Las mira, las estudia, y luego las lleva al cartón cuché con el bolígrafo BIC. Muchas de las obras del catálogo empiezan aquí, en un rincón cualquiera del jardín.
Los senderos no son rectos: serpentean para que el recorrido sea siempre lento. Hay rincones para la lluvia, rincones para el sol, rincones para los pájaros. Cada zona tiene su carácter, y todas dialogan con la casita, la cabaña y el domo.