El manifiesto

Cuando callan los demonios

Imagina que no pudieras dormir. Que cada vez que cerraras los ojos llegaran las pesadillas. Que esa condena, ese pequeño infierno, fuera el precio que tuvieras que pagar a cambio de otro don.

No es una película. Es mi padre. Desde que tiene uso de razón, las pesadillas le asaltan por las noches. No son pesadillas cualquiera: son una suerte de entrada a los infiernos. Él los llama demonios.

Ha aprendido a aceptarlos, pero aún hoy trata de irse a la cama lo más tarde que puede. Trata de evitarlos, de retrasarlos. En casa vivimos de noche. Las reuniones familiares las hacemos tarde, cuando el pueblo duerme.

Los demonios siempre le han perseguido, y la única manera que ha tenido de acallarlos, al despertar, ha sido crear. Quizás por eso muchas de sus creaciones son tan siniestras. A veces pienso que mi padre no dibuja retratos: retrata demonios. Demonios y criaturas imposibles. Demonios y paisajes que solo existen en sus pesadillas.

Su obra habla por sí misma o, quizás, grita por sí misma. Alguien podría decir que es un justo precio a pagar por la creatividad. Una suerte de maldición. Sísifo arrastrando una piedra que sabe que volverá a caer. Cada noche. Cada noche.

Sergio · hijo de Justino Muñoz Cano · Fuentes, Cuenca

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