Cuando callan los demonios
CUANDO CALLAN LOS DEMONIOS
Pintura, escultura, espacios, cuaderno y bocetos. Cuatro lenguajes de una misma búsqueda.
Durante medio siglo, Justino ha trabajado en silencio. Sin separar las disciplinas, sin jerarquizarlas. Lo que dibuja con un bolígrafo BIC sobre cartón cuché responde al mismo impulso que talla en madera, que rescata piedra, o que planta un jardín en su finca de Cuenca.
Un mismo pulso: acallar los demonios que le impiden dormir. Aquí están todos.
Más de cien obras realizadas exclusivamente con bolígrafos BIC sobre cartón cuché. Retratos, naturaleza, figura humana, criaturas imposibles que solo aparecen cuando cierra los ojos.
Treinta o cuarenta piezas en madera, metal y piedra recuperados. Volúmenes que dialogan con los espacios donde habitan y salen del taller cuando el bolígrafo no basta.
Seis mil metros cuadrados en Fuentes, Cuenca. Casita del árbol, cabaña, jardines cuidados durante décadas y un domo geodésico. Materiales recuperados de la propia zona; el domo, lo único comprado del conjunto.
Bocetos hechos con dieciséis o diecisiete años —el origen mismo del pulso— y cuadernos más recientes, de las últimas dos o tres décadas, donde aparecen los primeros esbozos de lo que luego será obra terminada.